¿Por qué los sellos de los alimentos deben ser más claros para el consumidor?
En los últimos años, el etiquetado frontal de los alimentos se ha convertido en una herramienta importante para orientar las decisiones de compra de los consumidores.
En México, los sellos negros que aparecen en los empaques de numerosos productos permiten identificar, de manera rápida y sencilla, cuando un alimento o bebida contiene cantidades de determinados nutrimentos que superan los límites establecidos por la regulación.
Advertencias como «EXCESO AZÚCARES», «EXCESO CALORÍAS» o «EXCESO SODIO» buscan facilitar la identificación de productos cuyo consumo conviene moderar. Sin embargo, aunque estos sellos proporcionan información relevante, también tienen limitaciones que vale la pena conocer.
Una de ellas es que el sello «EXCESO AZÚCARES» no indica qué ingredientes se utilizaron para endulzar el producto. Es decir, un consumidor puede identificar que un alimento supera el umbral establecido para azúcares, pero no saber, con solo observar la advertencia frontal, si contiene azúcar de caña, jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), miel u otras fuentes de azúcares.
Esta distinción abre una conversación importante sobre la información que reciben los consumidores y la necesidad de comprender los alimentos más allá de una advertencia visual.
¿Qué significa realmente el sello «EXCESO AZÚCARES»?
Para comprender sus alcances, primero es necesario conocer cómo funciona el sistema de etiquetado mexicano.
La Norma Oficial Mexicana NOM-051-SCFI/SSA1-2010, modificada en 2020, establece los criterios de etiquetado para alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasados. Entre sus disposiciones se encuentra la obligación de incorporar sellos de advertencia cuando los productos cumplen determinados criterios relacionados con su contenido energético o de nutrientes críticos.
En el caso del sello «EXCESO AZÚCARES», la evaluación se relaciona con la proporción de energía que proviene de los azúcares libres, de acuerdo con los perfiles nutrimentales aplicables.
Esto significa que la advertencia no se asigna por utilizar un endulzante específico, sino por el contenido de azúcares libres del producto respecto a los criterios establecidos.
Por ejemplo, dos bebidas pueden presentar el mismo sello aunque una esté endulzada con azúcar de caña y otra con jarabe de maíz de alta fructosa. El símbolo advierte sobre el contenido de azúcares, pero no permite identificar la fuente utilizada.
Esta característica responde al propósito del etiquetado frontal: ofrecer una advertencia sencilla que pueda comprenderse rápidamente, sin necesidad de analizar toda la composición del alimento. Sin embargo, esa misma simplificación hace que ciertos detalles queden fuera del mensaje principal.
El sello informa sobre la cantidad, pero no sobre el origen del dulzor
Uno de los aspectos menos discutidos del etiquetado frontal es la diversidad de ingredientes que la industria alimentaria utiliza para aportar sabor dulce a sus productos.
Aunque comúnmente se habla del azúcar como si se tratara de un solo ingrediente, en la elaboración de alimentos y bebidas pueden utilizarse distintas fuentes de azúcares, cada una con características particulares relacionadas con su origen, composición y aplicación tecnológica.
Entre ellas se encuentran el azúcar de caña, el azúcar de remolacha, el jarabe de maíz de alta fructosa, los jarabes de glucosa, la miel y los concentrados de jugos de frutas.
La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) ha documentado la presencia de diferentes fuentes de azúcares en productos industrializados, incluyendo pastelitos que incorporan azúcar, jarabes de maíz, glucosa y JMAF en una misma formulación.
Por ello, conocer el tipo de endulzante utilizado puede ser relevante para quienes desean tomar decisiones basadas no solamente en la cantidad de azúcares, sino también en la composición de los productos que consumen.
¿Dónde podemos identificar qué endulzante contiene un producto?
Aunque el sello frontal no especifica la fuente del dulzor, esto no significa que dicha información esté completamente ausente del empaque. En México, la regulación contempla una declaración de ingredientes que permite identificar los componentes utilizados en la elaboración de los productos preenvasados.
La lista de ingredientes se presenta, por regla general, en orden decreciente de predominio en peso. Esto significa que los ingredientes presentes en mayor proporción aparecen primero.
Por ejemplo, si un producto incluye «jarabe de maíz de alta fructosa» entre sus primeros ingredientes, es una señal de que constituye uno de los componentes principales de su formulación.
También pueden aparecer denominaciones como «azúcar», «azúcares añadidos», «jarabe de glucosa», «fructosa», «dextrosa» o «concentrado de jugo», dependiendo del producto y de la forma de declarar sus ingredientes. Cuando la etiqueta agrupa diferentes azúcares añadidos, es importante revisar las denominaciones que aparecen entre paréntesis para identificar las fuentes utilizadas. Así, un consumidor puede descubrir que un alimento contiene azúcar y JMAF, pero no necesariamente conocer la proporción exacta de cada uno.
¿Por qué los consumidores necesitan información más completa?
Una de las principales ventajas del etiquetado frontal es que reduce el esfuerzo necesario para reconocer determinadas características nutrimentales de un producto. Antes de su implementación, muchas personas debían interpretar tablas nutrimentales con cifras, porcentajes y conceptos técnicos que no siempre resultaban fáciles de comprender.
Los sellos representan un avance en accesibilidad porque transforman parte de esa información en advertencias visuales reconocibles.
De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el etiquetado frontal es una herramienta de salud pública que permite identificar productos con contenidos excesivos de determinados nutrientes y facilita la toma de decisiones.
Sin embargo, una advertencia simplificada no sustituye toda la información que puede resultar importante para el consumidor.
Una persona puede querer reducir su consumo de azúcares libres, mientras otra puede estar interesada en identificar los ingredientes de origen agrícola utilizados en un producto. También hay consumidores que desean evitar determinados aditivos o conocer las características de los alimentos que ofrecen a sus familias.
Un sistema de información alimentaria completo debería permitir que las personas comprendan cuánto azúcar contiene un alimento, de dónde proviene ese dulzor y cómo se relaciona su consumo con el resto de la alimentación.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que las políticas de etiquetado deben contemplar distintos elementos complementarios: declaraciones nutrimentales, listas de ingredientes, información frontal y afirmaciones relacionadas con la nutrición y la salud.
Por lo tanto, mejorar la claridad no necesariamente implica colocar toda la información en el frente del empaque. También puede significar facilitar la lectura y comprensión de los datos que ya deben aparecer en otras partes de la etiqueta.
La importancia de aprender a leer más allá del sello
La educación alimentaria es un componente fundamental para aprovechar la información que ofrecen los empaques. Reconocer una advertencia es un primer paso, pero comprender su significado permite tomar decisiones más conscientes.
Por ejemplo, una persona que identifica el sello «EXCESO AZÚCARES» puede consultar posteriormente la tabla nutrimental para conocer los gramos de azúcares declarados y revisar la lista de ingredientes para identificar las fuentes utilizadas.
De esta manera, el sello funciona como una señal de atención, mientras que el resto de la etiqueta proporciona información complementaria.
También resulta importante considerar la porción que se consume. La cantidad de azúcares ingerida dependerá tanto de la concentración del producto como de la cantidad que se coma o beba.
Así mismo, conviene evitar que el etiquetado se interprete como una clasificación absoluta de alimentos buenos y malos. Aunque las advertencias identifican características nutrimentales relevantes, no describen por completo la calidad de la alimentación de una persona.
Bibliografía
Diario Oficial de la Federación. (2020). Modificación a la Norma Oficial Mexicana NOM-051-SCFI/SSA1-2010, especificaciones generales de etiquetado para alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasados—Información comercial y sanitaria. Secretaría de Economía.
https://www.dof.gob.mx/2020/SEECO/NOM_051.pdf
Organización Mundial de la Salud. (2015). Directriz: Ingesta de azúcares para adultos y niños.
https://iris.who.int/bitstream/handle/10665/154587/WHO_NMH_NHD_15.2_spa.pdf
Organización Panamericana de la Salud. (2020, 29 de septiembre). Avances en el etiquetado frontal del paquete en las Américas. https://www.paho.org/es/noticias/29-9-2020-avances-etiquetado-frontal-paquete-americas
Procuraduría Federal del Consumidor. (2020, 7 de octubre). Orienta Profeco a consumidores sobre aplicación de nuevo etiquetado. Gobierno de México. https://www.gob.mx/profeco/prensa/orienta-profeco-a-consumidores-sobre-aplicacion-de-nuevo-etiquetado